A fines de 2015 lanzamos el primer número de la revista MetroWeber, una publicación trimestral concebida para que la sociedad pudiera informarse acerca de las diversas esferas de la arquitectura y de la construcción. Esta revista es el resultado y la síntesis de varios años de trabajo en los que desde Weber Saint-Gobain impulsamos una activa política de difusión de la arquitectura argentina, especialmente enfocada en el “buen construir”.

Así, desde esa fecha, la revista MetroWeber, diseñada e impresa en formato grande, con una tirada de 50.000 ejemplares, registra pormenorizadamente todas las etapas de las obras que publica, desde su gestación hasta su materialización. A partir del retrato de un universo amplio, que abarca a los autores intelectuales, a los hacedores materiales, a los distribuidores y a la industria, buscamos dar difusión a todas aquellas prácticas que ponen en valor el construir, además informamos acerca de novedades e innovaciones de la industria del diseño y la construcción. Los miles de ejemplares de esta revista se entregan gratuitamente en cientos de puntos de contacto con el público: puntos de venta de productos de la construcción, colegios y sociedades de arquitectos, universidades, colegios técnicos y estudios de arquitectura.

Hoy sumamos a esta plataforma en papel, un portal digital. Este nuevo sitio web busca , mas aún, amplificar los contenidos elaborados para la revista, completados y re-editados para este nuevo formato. Inauguramos también nuevas secciones de contenido especialmente elaboradas para el espacio virtual. Además, esta nueva herramienta interactiva permite al lector encontrarse ordenadamente con todas las acciones que Weber Saint-Gobain genera a favor de la buena arquitectura y su difusión. Así fortalecemos además la experiencia del usuario de la marca.

Completamos la misión del portal con el acceso gratuito a la importante biblioteca de publicaciones especializadas que desde Weber Saint-Gobain hemos editado hasta el momento y alimentamos con nuevos volúmenes año a año. Aquí, los usuarios podrán leer o descargar, en diversos formatos, un extenso contenido que hoy constituye los números editados de la revista MetroWeber, los tomos editados de la colección El Material de lo construido, y los volúmenes que compilan la colección Murales Urbanos y que registran el activo Programa de Infraestructura Solidario (PISO) que sostenemos y promovemos para el mejoramiento de espacios públicos mediante el arte en toda la Argentina.

Tanto en el portal como en la revista sostenemos el concepto de “Comunidad” incorporando la participación activa de los actores de la construcción, retratando su mirada acerca de la arquitectura y los procesos constructivos, acompañando las tendencias y las nuevas miradas en relación al diseño y los materiales. Este nuevo espacio presenta un nuevo aporte al universo de publicaciones digitales de arquitectura y urbanismo vinculando fuertemente el diseño y la construcción.

WEBER ARGENTINA
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Casa Daneri, Chapadmalal, Pcia. de Buenos Aires Antonio Bonet e Hilario Zalba Fotografía del Autor.

El verano moderno en la casa Daneri

por Norberto Feal, articulista invitado - Noviembre 2017

Una obra de Antonio Bonet e Hilario Zalba de 1940 en Chapadmalal, Provincia de Buenos Aires.

En el número de enero de 1945 de la Revista de Arquitectura, publicada por la Sociedad Central de Arquitectos de Buenos Aires, aparece como artículo central el proyecto para el Instituto de Aeronáutica de la Facultad de Ciencias Fisicomatemáticas de la Universidad de La Plata, firmado por Hilario Zalba con la participación de Antonio Bonet. El Instituto Aeronáutico fue el último, y uno de los tres proyectos realizados en colaboración entre Bonet y Zalba, junto con las casas Daneri en Chapadmalal, de 1940, y Schieckendantz, en La Plata, dos años más tarde. De los tres trabajos encarados por Bonet y Zalba, a los cuales habría que agregar el proyecto para los terrenos de Casa Amarilla, en Buenos Aires, realizado junto a Horacio Caminos y Eduardo Sacriste, la casa Daneri es el único que llegó a construirse. El breve, pero muy interesante, trabajo llevado a cabo entre Bonet y Zalba, está obviamente cruzado por la fundación de Austral. En junio de 1939 fue  creado el Grupo Austral, como filial en Argentina del GATEPAC español, adhiriéndose inmediatamente a los Congresos Internacionales de Arquitectura Moderna. En 1937, se había realizado en París el V CIAM, en el que aparecía Wladimiro Acosta como delegado en Argentina, aunque en la práctica no mantenía vínculos estables con los organizadores de los CIAM, ni con sus figuras más representativas. Es entonces, cuando según Jorge Liernur, “es probable que la idea de refundar una delegación de los CIAM en Argentina haya sido concebida durante la estadía en el estudio de Le Corbusier, en París durante el invierno de 1937-1938, de quienes serían tres de los principales protagonistas de Austral: Jorge Ferrari Hardoy, Juan Kurchan y Antonio Bonet”. Al año siguiente, el grupo toma carácter público cuando aparece su manifiesto “Voluntad y acción”, en el número 6 de la revista Nuestra Arquitectura, del mes de junio de 1939. “Voluntad y acción”, estaba firmado por Bonet, Ferrari Hardoy y Kurchan, y conformando el grupo aparecían José Alberto Le Pera, Abel López Chas, Samuel Sánchez de Bustamante, Simón Ungar, Horacio Vera Barros, Ítala Villa e Hilario Zalba, a quienes se van a unir poco tiempo después, Jorge Vivanco y Valerio Peluffo.

Hilario Zalba había nacido en Balcarce, en 1912. Entre 1922 y 1928 reside en España donde cursa un bachillerato con orientación técnica, y a su vuelta a Argentina, radicado en La Plata, se inscribe en la carrera de Ingeniería en la universidad de esa ciudad, donde cursa los tres primeros años de la carrera, para pasar luego a Arquitectura en la Universidad de Buenos Aires, donde se gradúa en 1938. Entre el año de su graduación y 1940, asociado a Simón Ungar, proyecta sus primeras obras, las casas Renom, en La Plata, y Arroyo, en Olavarría, de corte decididamente moderno, y la casa Daneri, asociado por primera vez con Bonet. Dentro de la relativamente extensa producción realizada por Bonet durante su permanencia en Argentina, entre 1939 y 1963, se podría convenir en que hay algunas obras que la crítica y la historiografía colocaron en un lugar destacado en el desarrollo de la arquitectura moderna en Argentina y Uruguay, como son el edificio de Suipacha y Paraguay, en Buenos Aires, de 1939, La Solana del Mar y la casa Berlingieri, ambas en Portezuelo, Uruguay, de 1947, la casa Oks, en Buenos Aires, de 1957, y el edificio Terraza Palace, en Mar del Plata construido entre 1958 y 1963. Sin embargo, muchas otras obras de Bonet, pasaron, y aun hoy pasan desapercibidas, entre las cuales se puede colocar a la casa Daneri.

El caso de Zalba es diferente, y ejemplifica en cierta forma, el largo desinterés de la crítica porteña por las producciones realizadas por fuera de Buenos Aires, o de sus estudios y arquitectos. Radicado en La Plata trabajó en la Dirección de Vialidad de la Provincia entre 1938 y 1940, y fue proyectista de la Dirección de Escuelas de la Provincia, desde 1942 hasta 1943 cuando es nombrado jefe de la División Urbanización y Vivienda del Ministerio de Obras Públicas de la Provincia. Desde 1942 fue profesor de la materia Arquitectura en la Facultad de Ciencias Fisicomatemáticas de la Universidad de La Plata, y en 1946, se instala en San Miguel de Tucumán como profesor del Instituto de Arquitectura y Urbanismo. Hilda Cosogliad explica que Zalba “comparte esos años con Sacriste, Vivanco, Calcaprina, Rogers, Tedeschi y demás participantes de la llamada Escuela de Tucumán, donde despliega una importante actividad. En 1956 regresa a La Plata para asumir la dirección del Departamento de Arquitectura y Urbanismo (hoy Facultad de Arquitectura y Urbanismo), dependiente de la Facultad de Ciencias Físico Matemáticas, y continúa luego como docente en dicha institución hasta 1964”. Entre 1956 y 1968 ocupa varios cargos en la administración pública de la provincia de Buenos Aires, y en 1968, jubilado de la función pública, se instala en Tafí del Valle; aunque en sus últimos años, vuelve a La Plata.

Más allá de la poca difusión que haya tenido la casa Daneri, al filo de la década del 40 resulta una pieza ciertamente inesperada en el panorama de la arquitectura moderna argentina. Bonet y Zalba preparan un primer proyecto, posiblemente más previsible, con planta baja libre y una cubierta curva que presenta puntos en común con las cubiertas del edificio de Paraguay y Suipacha. Este primer proyecto es desechado por el comitente, y los autores pasan a una segunda opción que finalmente es la construida en Chapadmalal, una zona semi rural pensada como alternativa a Mar del Plata para residencias de verano. Sobre un amplio terreno frente al océano Atlántico, con suaves ondulaciones que van bajando hacia el mar, la casa fue construida con muros portantes de piedra sin revoques. Un cuadrado central contiene el living comedor y la cocina, flanqueado por dos rectángulos idénticos, cada uno con un dormitorio y su baño; todo cubierto por un magnífico techo a dos aguas, de tejas romanas, que se expande sobre las fachadas largas, en sentido inverso a las pendientes, y forma las anchas galerías sostenidas por troncos apenas desbastados. La simetría axial de la planta baja se desplaza con un entrepiso y una gran lucarna que lo contiene. La casa Daneri, es una pieza, que enlaza muy tempranamente los conceptos de modernidad y regionalismo a través de una muy estricta interpretación del pintoresquismo en clave moderna. Al mismo tiempo, la elegante simetría de la planta y la repetición de las fachadas largas, superpuestas a los amplios techos, las profundas galerías y la exposición “rústica” de los materiales acentúa el efecto de capas de saberes arquitectónicos superpuestos donde basculan tanto el palladianismo como el rancho pampeano.

Por supuesto sería un esfuerzo inútil intentar determinar que componentes proyectuales pertenecen a Bonet o a Zalba, pero lo cierto es que sí en el primer proyecto no construido se observan elementos que caracterizan a parte de la obra de Bonet, como las cubiertas curvadas; en el segundo, aparecen ciertos rasgos presentes también en el proyecto de viviendas para peones camineros, preparado por Zalba para la Dirección de Vialidad Provincial en 1938, y que según Cosogliad “no es casual que se relacione con el tema de las viviendas rurales, el asoleamiento, clima, y materiales de construcción y también con la prefabricación para la vivienda rural”. Efectivamente, en las casas para camineros, el quiebre que permite la ubicación de un entrepiso, la iluminación y la ventilación sin desdibujar la silueta de la cubierta a dos aguas, parece ser un antecedente de la cubierta de la casa Daneri con sus extensas alas y la gran lucarna. Asimismo en la casa Arroyo, proyectada para la misma época en asociación con Ungar, como en la casa Daneri, la utilización de los muros de piedra expuesta define intensamente el carácter de ambas viviendas. También cabría rastrear algunos  aspectos de la casa Daneri que van a aparecer con mayor frecuencia en la posterior producción de Zalba, y escasamente en la de Bonet. Si bien en la Solana del Mar, los muros de piedra expuesta conforman uno de los elementos centrales en la construcción de su estilística, lo cierto es que la estructura de hormigón, los techos planos y el despiece de las plantas constituyen un código lingüístico ciertamente alejado de la experiencia de Chapadmalal. Sin embargo, a su vez, las plantas de La Solana tienen un obvio antecedente en la planta del proyecto para el Instituto Aeronáutico de 1944, y cuyas bóvedas seriadas en sentido transversal al desarrollo de la planta, van a reaparecer en la casa Berlingieri apenas dos años después. Algo parecido podría formularse sobre las casa de veraneo que Bonet proyecta en Uruguay entre los años 1945 y 1948: La Gallarda, Berlingieri, Cuatrecasas, y tal vez, la más hermosa de todas, La Rinconada, en las cuales, el uso de techos planos, salvo en La Gallarda, -que tiene cubierta de tejas-, la desagregación de los elementos de la planta en volúmenes diferenciados, en algunos casos con fuertes forzamientos programáticos como en la Berlingieri, y la expresa búsqueda de la linealidad horizontal, alejan definitivamente de la experiencia Daneri, tanto a sus obras uruguayas, como a su posterior proyecto para la casa Oks, cuando la lírica del producto industrializado va a modelar profundamente sus decisiones estilísticas. Inversamente, durante su permanencia en Tucumán, Zalba, se dedicó a acentuar las tradiciones constructivas regionales, tanto en su propia casa de 1973, como en las posteriores casas Paz, de 1977, Nougués, de 1983 y García Hamilton de 1986, todas en Tafí del Valle. Si bien, dadas las extensas condiciones programáticas de estas residencias, las plantas de Zalba pierden la sólida compacidad de la Daneri o de la vivienda para camineros, aprovecha las tecnologías corrientes de la región -el uso de la piedra en muros portantes, las cubiertas de tejas o paja, y los entramados de caña o madera- para constituir un sistema estilístico donde aparecen tanto lo moderno como la tradición. Es decir, la misma estrategia que hizo tan peculiar la aparición de la casa Daneri en el horizonte de la arquitectura moderna argentina a principios de los 40, y que hoy, a 77 años de haber sido construida, se encuentra intacta, no solo sin modificaciones, sino aún con los muebles originales diseñados por Bonet y Zalba, en esa estrecha franja entre el mar y la pampa, indestructible ante la dureza del clima atlántico, respondiendo perfectamente para lo que fue concebida: una casa para el verano moderno.